Abrí los ojos y me encontré en medio de la calle. No recordaba cómo había llegado hasta ahí ni nada de lo que había pasado las últimas horas. Lo último que recordaba es que estaba viendo un partido de baloncesto por la televisión con mis amigos en casa de un amigo, Charlie. El partido era la final de la NBA, Celtics contra Lakers. No recuerdo el resultado, sólo sé que iba ganando Lakers. Tampoco recuerdo que estuviera tomando alcohol ni nada que pudiera colocarme o emborracharme. Mi móvil no tenía batería y no pude llamar a ninguno de mis amigos para saber qué había pasado. Me saqué la cartera y tampoco tenía dinero, cosa rara porque siempre llevo un par de dólares por si acaso me pasa algo, como hoy.
Decidí ir a un bar próximo para preguntar si podía usar el teléfono cuando me di cuenta de que estaba en un barrio distinto al mío. Tan distinto que me di cuenta de que estaba en Nueva York. Yo soy de Los Ángeles y el partido lo vi en Los Ángeles, no tenía nada en Nueva York como para ir inconscientemente allí. De golpe me topé con mi reflejo en el escaparate de una tienda de ropa. No parecía tener lesiones ni nada por el estilo en mi rostro, pero al verme me di cuenta que no llevaba la misma ropa que en casa de mi amigo. Vestía una camisa azul a cuadros negros, unos vaqueros negros y unas zapatillas deportivas. El día del partido llevaba una camiseta negra con la camiseta de los Lakers por encima para animar a mi equipo.
El colmo de mi amnesia fue que tras mirar la hora en una máquina expendedora vi que habían pasado dos días desde el partido. Dos días en los cuales no recordaba qué había sucedido ni cómo había llegado hasta Nueva York desde Los Ángeles. Y sobre todo, y que más miedo me daba era que ante todo quería saber cómo había acabado el partido.
Entonces encontré un bar. A lo pronto parecía por fuera una cueva pero no tenía muchas opciones donde elegir y decidí entrar para preguntar si podía usar el teléfono. Una vez dentro me di cuenta de que no se diferenciaba mucho de otros bares. Era más bien normalito con la típica barra añeja de madera, bien cuidada, las mesas con banquitos a dos lados y la típica cadena de música que alegraba un poco el local. En ese momento no había mucha gente, eran las 4 de la tarde. Busqué al barman y le pregunté por el teléfono. Me dijo que sin consumición no podía ni usar el teléfono ni el baño. Al instante me di cuenta de que tenía una necesidad extrema de ir al baño, no sabía porque hasta que no me lo recordó el camarero no me di cuenta pero ahora quería ir fuera como fuese al baño. El problema es que no tenía dinero encima, por lo que eché mano a mi tarjeta de crédito y m pedí algo de comer, un sándwich, y una bebida, la que fuese, mientras iría al baño. El barman se quedó con mi tarjeta y avisó en cocina de mi pedido mientras se cobraba.
Al salir del baño me notaba más despreocupado. Me sentía aliviado ante la fuerte presión que tenía en mi vejiga. Entonces me acerqué a la barra para recibir mi pedido y recuperar mi tarjeta, pero el barman se acercó y me devolvió la tarjeta con mala cara. No poseía dinero en la tarjeta según me informó. Eso era imposible, tenía muchos ahorros en esa tarjeta y no me los gastaría si no fuera un caso extremo. Entonces me miró y comprendió que estaba en una mala situación así que me ofreció la comida por cuenta de la casa. Acepté pero le supliqué que me pidiera algo a cambio a lo que tras rechazar la propuesta 2 veces a la tercera accedió. Me dijo que mientras pensaba en algún trabajo rápido para mi comiera y vaya al teléfono.
¡El teléfono! Se me había olvidado, tenía que llamar a mi amigo Charlie para saber qué es lo que había pasado y que me proporcionara algún medio para volver a Los Ángeles ya que no tenía ni un centavo encima. Le llamé pero no cogía nadie el teléfono en su casa, ni él ni su esposa Sarah. También llamé a Jason, Joseph, Jim, Mark y Matt, pero nadie me respondió la llamada. Empecé a sentir un sudor frío basado en el miedo que recorría mi cuerpo. No tenía medio de transporte ni dinero para viajar a Los Ángeles, ni ningún amigo en Nueva York que me pudiera ayudar ni nada.
Entonces se me acercó el barman y me dijo que ya tenía una faena para mí. Yo ya me había terminado el sándwich. Pensaba que me haría ir al supermercado, o barrer y fregar el suelo, o lavar los platos… No había nadie en el bar y la cocinera se encontraba en su descanso. Estábamos solos él y yo. Salió de la barra para decirme qué trabajo quería que hiciese pero no hace falta que me dijera nada. No llevaba calzoncillos y lo sabía porque tampoco llevaba pantalones. Me quedé blanco y sin parpadear durante unos segundos. Ante el pánico lo primero que hice fue quedarme quieto pero luego mis piernas reaccionaron y me fui corriendo mientras detrás de mí el tío gritaba: “¡¿A dónde vas?! ¡Anoche parecías más amable!” ¡Anoche! ¿Qué diantres le hice anoche?
Tras huir y haber corrido sin parar 10 manzanas, me paré para descansar. En ese momento tenía claro varias cosas. No tenía dinero y mis amigos no contestan al teléfono, tal vez estén en Nueva York conmigo y me hayan perdido. Tal vez me busquen. La otra es que había estado la noche anterior en el bar con ese hombre que llevaba colgando su sexo. Y lo que me corroía la conciencia es lo que hubiera pasado con ese hombre la noche anterior. La parte positiva es que ya no tenía hambre ni ganas de ir al baño.
Después de merodear por las calles de la ciudad que no duerme y de pensar alguna forma de volver a casa decidí ir a alguna comisaría de policía para pedir ayuda. No se me habría ocurrido en ese momento otro sitio dónde ir. Casualmente había una cercana. Entré y pregunté a uno que se encontraba detrás de un ordenador dónde pedir ayuda. Me miró extrañado. Parecía que me conocía. Me extrañé mucho. Me dijo que había estado detenido la noche anterior con un tipo por escándalo público. Me quedé a cuadros, como mi camisa. Dijo que estuve una media hora deambulando por la 5ª Avenida con los pantalones bajados y diciendo que la tenía más grande que cualquier jugador de L.A. Lakers. También me dijo que conocí al tipo en comisaría y que se unió a mi protesta particular de bajarme los pantalones y reafirmar que la tenía más grande que Kobe Bryant.
Parecía que las cosas no paraban de mejorar. Lo único que aliviaba mi angustia fue que no pasó nada la noche anterior con el tipo del bar. Lo malo es que anduve en pelotas por una avenida principal de N.Y. y que todo el mundo me vio. Al rato me sorprendí de ver una cara conocida. Se trataba de mi amigo Charlie. Al verme vino corriendo a abrazarme e incluso me parece que me dio un beso en la frente. Me sorprendió al decirme que tampoco se acuerda de nada de lo que sucedió en los últimos días después del partido y que tampoco se acordaba del final ni nada. Parece ser que todos vinimos a Nueva York después del partido pero no sabíamos si para celebrar la victoria del equipo o por despecho por la derrota. Por lo tanto teníamos que encontrar al resto del grupo que se encontraría disperso por la Gran Manzana. ¿Era posible que en esas horas transcurridas desde el partido hasta ese momento hubiéramos tomado algo que nos habría quitado parte de nuestra memoria? Charlie me dijo que él se despertó en una casa, con una chica y que no recordaba nada de ella. No sabía quién era. Tampoco tenía dinero en su cartera y rechazaban continuamente su tarjeta de crédito por lo que se encontraba en la misma situación que yo pero con una mujer que no era su esposa, motivo por el cual se preocupaba. Me dijo que no se lo dijera a nadie.
Después de actualizarnos decidimos ir en busca del resto del grupo, que no duró mucho, puesto que nos los encontramos todos juntitos durmiendo en el césped un parque. En ese momento me sentí mejor, había recuperado a mis amigos y cabía la esperanza de que alguno supiera el resultado del partido. ¡Otra vez el partido! ¿Cómo es que no podía pensar en ese momento en otra cosa que no fuera el resultado? ¿Por qué no se me ocurrió preguntar cómo llegamos yo y mis amigos a Nueva York? De todas formas, tras despertarlos a todos, nadie se acordaba de cuál fue el resultado del partido. A todos les pasaba lo mismo, no se acordaban de nada desde el partido. Aún así, Matt, tras comprobar que efectivamente no llevaba nada de dinero encima, encontró una lista escrita en un papel, dónde aparecía lo siguiente:
1. Comprar L.A. Lakers
2. Jugar en L.A. Lakers
3. Vender L.A. Lakers
La lista nos dejó perplejos. ¿Era cierto que habíamos comprado L.A. Lakers? No pensaba que fuera así. Era muy difícil comprar L.A. Lakers y más difícil todavía tener el dinero suficiente para hacerlo. Pero lo cierto era que nosotros no teníamos dinero.
Decidimos ponernos en marcha. Por suerte, Jason tenía familia en Nueva York y nos prestó dinero suficiente como para alquilar un monovolumen y comprar gasolina suficiente para irnos los 7 a Los Ángeles de vuelta a nuestras casas. Tardamos un día entero en volver por lo que explicamos lo que pasó un día después del partido. En teoría debimos llegar la noche después del partido a Nueva York, por lo que teníamos un hueco de 24 horas desde que llegamos a Nueva Yokr hasta que nos despertamos.
Después de llegar a nuestras casas y de reencontrarnos con nuestras familias, lo cierto era que lo único que sabían era que nos íbamos a Nueva York de viaje unos días. No sabían nada más. Nosotros tampoco sabíamos el resultado todavía del partido. Casualmente Charlie estuvo grabando el partido para guardarlo y lo tenía guardado. Decidimos volver a casa de Charlie para acabar de ver el partido (por lo menos esta vez acordándonos). El principio del partido era familiar pero a partir del segundo cuarto ya no nos acordábamos. Cerré los ojos y cuando los abrí me encontraba en Nueva York. Había vuelto a pasar. Vuelta a empezar.
uuuuuuuuuuuuuu qué yuyu... ahora entrará en un círculo vicioso de amnesia? jajajaja
ResponderEliminarPor cierto, hay muchas palabras y frases que me recuerdan a tu forma de hablar y las "he oído" de tu voz al leerlas jajajaja. Y me ha hecho mucha gracia lo de "Me quedé a cuadros, como mi camisa" xDDDDD
Otra cosa, lo de las 4 de la tarde servirá para aquí pero en Nueva York creo que la hora "equivalente" sería a las 2, un par de horas después de comer. Pero vamos, que está chula :) aunque no liberas para nada la tensión del lector ¬¬