lunes, 27 de junio de 2011

Dichosos aires acondicionados

Como todo el mundo sabrá, el verano se instaló hace algo así como una semana, por lo que el calor se queda hasta mínimo finales de septiembre. Este hecho hace que durante unos 3 o 4 meses la gente opte por la utilización del aire acondicionado. Si bien, estos aparatos deben seguir unas normas muy estrictas como que no deben de estar colgando de las fachadas (casi nadie lo cumple), y que no gotee en la calle (¡Jah!)

En ésta última semana me he mojado mínimo 5 veces a causa de unos aparatos muy mal colocados y que dejan que goteen en la calle. El año pasado día sí y día también sufrí una lluvia continua de agua, a pesar de que el cielo estaba más despejado que una tienda de Massimo Dutti en un barrio de chabolas. A pesar de todo, nuestros queridos vecinos pero no amigos no siguen las normas y dejan que no sólo gotee agua sino que además tener un aparato de tantos kilos se quede colgado sin más de la fachada, sin que nadie haga algo.

Mi consternación es máxima ante este hecho. Si quieren tener el privilegio de tener una nevera gigante en su salón, que cumplan el mínimo de normas municipales, que no les cuesta nada, y que hagan lo que quieran en sus casas, pero la calle es de todos. Si no que me compren toda la ropa que me manchen por culpa de sus aparatejos.

(Ejemplo de fachada repleta de aires acondicionados.)
Foto sustraída de www.que.es

miércoles, 22 de junio de 2011

No me pises que llevo chanclas

Esta entrada la quiero aprovechar para hacer una dura crítica hacia todas aquellas personas que piensan que las chanclas sirven para todos los sitios y para vestir de normal.

Durante estos últimos días, coincidiendo con que el calor se instala definitivamente y el verano ya llegó, he podido comprobar de primera mano como la gente ha ido dejando en el armario toda la ropa que suponga un mínimo de calor, como pueden ser chaquetas, sudaderas, pantalones largos, etc. Entre esas prendas también se pueden encontrar distintos tipos de zapatillas, zapatos o botas que puedan dar un mínimo de calor a la persona que los porte. Por lo que deciden vestir con pantalones cortos... camisetas de manga corta, o sin mangas directamente... Y a la hora del calzado es donde la gente, en mi opinión, empieza a flipar. Veo centenares de personas que en vez de optar por zapatillas bajas o abiertas, optan por unas chanclas. Pero no unas chanclas cualquiera.

Desde hace unos cuantos años, se han puesto de moda un tipo determinado de chanclas. Hablo de esas chanclas que tienen una goma que se agarra de la parte que hay entre el dedo pulgar y el índice del pie (ver foto). Esas que hasta que no te habitúas a llevarlas lo pasas fatal por la molestia que causa entre ambos dedos. Aún así, a través de los años, se ha convertido en la prenda por excelencia del verano. Una chancla de marca puede costar la friolera de 70 euros. Sin lugar a dudas genera muchos ingresos durante la temporada estival.

Es posible que sea una prenda adecuada para ir a la playa o a la piscina, o incluso para ir por casa para que se aireen los pies. Pero NUNCA puede llegar a ser una prenda de vestir habitual. En primer lugar porque a mi en particular no me gusta ver pinreles ajenos en el Mercadona o en el Corte Inglés. Luego, para los pies supone un daño físico que puede llegar a ser grave. Lo peor que he llegado a ver es a un hombre en el gimnasio con unas chanclas.

Sin lugar a dudas, estamos ante una moda que no parece ser para nada pasajera, y que en mi opinión supone un grave error para la evolución de la raza humana. Poseemos la tecnología suficiente para tener unos pies en correcto estado y poder andar cómodos y tranquilos, y en lugar de eso optamos por llevar un calzado, que más valdría andar descalzo por la vida porque sería más sano y más cómodo. He dicho.

El Murciélago

Se trata del guardián alado de la ciudad de Valencia. Embajador y representante de la noche. Alado mamífero protector, que por el día descansa pero al caer el sol sale de su escondite para sustituir en el cielo de la ciudad al ave. Símbolo desde tiempos medievales de una metrópoli ahora moderna, pero que conserva su espíritu intacto como el primer día. No conserva una belleza evidente como otros animales, pero dentro de sí contiene una majestuosidad digna de la más maravillosa de las aves rapaces o del más temido depredador de la jungla. En valenciano se llama "rata penada", pero no debe pesar sobre él ninguna pena. Ha llegado a ser símbolo de un famoso superhéroe del cómic, que representa el miedo, pero a su vez el respeto. El murciélago tiene infinidad de historias que contar. Y en ésta, su casa, la capital del río Turia, es el símbolo de una cultura y una tierra, que ha cambiado mucho, pero que no ha dejado de respetar a este complejo animal. Desde aquí mi tributo al murciélago, rey de la noche en Valencia y protector de nuestra historia.

miércoles, 15 de junio de 2011

La habitación del pánico

La historia que voy a contar puede haber pasado realmente o puede ser una invención mía. Tranquilamente puede haberos sucedido a cualquiera de vosotros. Cabe decir que debo avisar de que pase lo que pase no hay que perder el miedo al estudio, al Red Bull y a los cafés. Sin más preámbulos comienza mi historia.

Es una tarde de viernes. Estoy a las puertas del fin de semana pero he decidido no salir de casa y pasarme todo el finde estudiando porque el lunes tengo el examen final de curso y así aprovecho la soledad que me han dejado mis padres al irse de viaje. Si no lo apruebo no podré cursar el año que viene el último curso de mi carrera, Derecho. Estoy bastante nervioso, por ello he decidido este fin de semana de estudio maratoniano. Ha sido un curso difícil y sé que si no apruebo este examen todo habrá sido en vano.

Son las 5 de la tarde y he comenzado a estudiar. Estoy completamente aislado de todo. No tengo operativo el móvil, ni el teléfono fijo. También he desconectado el ordenador para evitarme tentaciones innecesarias que puedan desviar mi atención del estudio. Me encuentro sentado en mi silla regulable, con mi mesa de estudio delante y la teoría que tengo que memorizar dentro de un libro de más de 600 páginas, plagado de leyes y sentencias. Ya lo he leído y dado en clase pero quiero repasarlo a fondo para asegurarme que lo sé y poder aprobar el examen.

Son las 7 de la tarde y mis fuerzas empiezan a fallar. Parece que afuera el mundo no se detiene. Empieza a nublarse y se vuelve oscuro el cielo. Aprovecho para tomarme un par de cafés, recargar energías. Al volver enciendo el flexo porque se ha oscurecido bastante, parece que de un momento a otro el cielo se vaya a venir abajo inundando todo de agua. Tampoco se oye a nadie en la calle, puede que se hayan ido a sus casas o a un lugar cubierto para evitar pillar el aguacero que pueda caer.

Son las 8 de la tarde. Empiezan a caer gotas y está todo más oscuro que nunca. El anochecer se ha adelantado y ha provocado que las luces de la calle se hayan encendido antes de hora. Mi estado anímico empieza a menguar. No tengo prácticamente fuerzas para seguir estudiando así que hago una parada de 5 minutos y me tomo un café y una bebida energética de una famosa marca. Al poco tiempo de tomármela siento como me lleno de energía positiva que me hace aumentar mi ritmo de estudio y a incrementar mi concentración. Ahora entiendo lo que dicen de que te da alas.

Acaban de dar las 10 de la noche y he empezado otra vez a sentir mi desgaste. La lluvia en el mundo exterior cada vez cae con más violencia y se oye de lejos truenos que cada vez se sienten más cerca. Decido hacer una nueva parada para cenar algo. Mi elección para esta noche es hamburguesa con patatas. De paso acompaño la cena con un par de bebidas energéticas más y de postre un café y un plátano. Seguro que a la vuelta al estudio todo va a la velocidad del rayo.

Son las 11 y lo que me desconcentra son precisamente los rayos y centellas que hay ahí afuera. Me he tomado 2 bebidas energéticas más. No sé dónde puede estar el limite. No creo que algo malo me pase si me ha ayudado tanto con el estudio. Me asomo un momento a la ventana y no se ve nada en la calle. El agua no deja ver y el cielo está muy negro.

A las 12 ha ocurrido un contratiempo importante, se ha ido la luz. Esto hace que no pueda seguir estudiando ya que no consigo diferenciar las palabras en mi libro. Durante ésta última hora me he tomado tres bebidas energéticas más. Una oscuridad absoluta me rodea como si nunca hubiera existido la luz y el silencio es tan sepulcral que parece que me haya quedado sordo. Pero cada x tiempo esta calma se rompe con el destello de un relámpago y su posterior sonido. Cada vez son más frecuentes y me sobresaltan más.

Estoy cada vez más inquieto, no he logrado encontrar ni una linterna ni una vela ni nada con que pueda hacer un mínimo de luz. No puedo usar ningún aparato eléctrico que no posea batería. Así que decido encender el móvil. Nada más encenderlo veo que no he reparado en ponerlo a cargar en 2 días seguidos y le queda poca carga. Decido no alumbrar si no es necesario para que me dure más la batería, entonces deposito el teléfono en la mesa y me tumbo en la cama a descansar hasta que vuelva la luz, aunque no va a ser sencillo. Los truenos cada vez son más frecuentes y más fuertes, y la lluvia parece que no desista. Las gotas golpean de forma persistente contra la ventana, parece que quiera entrar el agua dentro de mi cuarto. Si creyera en la biblia pensaría que es el fin del mundo y que se trata de un diluvio universal.

No sé qué hora es, tampoco me importa la hora, pero debe ser lo bastante tarde como para seguir estudiando por lo que decido intentar ponerme el pijama a palpas y meterme en la cama. Cierro los ojos pero no consigo conciliar el sueño. No puedo dormir pensando que afuera parezca que se vaya a acabar el mundo. Pero intento hacer un esfuerzo. de pronto me sobresalta el tono de llamada de mi móvil. Son mis padres, seguramente para saber si estoy bien por la tormenta. Mi intención es coger la llamada pero de pronto mi móvil se apaga. Se le ha acabado la batería. Mis padres pensarán que les he colgado. No importa, mañana por la mañana les llamaré.

El sobresalto del móvil ha hecho que de pronto un nerviosismo invada mi cuerpo, tal vez producido por el exceso de cafeína que he introducido en mi cuerpo y las tantas horas de estudio que he tenido. Noto como un tembleque que empieza en mis manos y se va extendiendo me posee con más ímpetu. Oigo como el viento empuja el agua a mi ventana y hace que ésta vibre tanto que parezca que se vaya a hacer añicos de un momento a otro. Así que para no pensar en la tormenta me dispongo a pensar en otras cosas. Empezaré pensando en fútbol. Mi equipo actualmente va muy bien, menos mal que los ladrones que no trabajaban y encima se llevaban dinero se han largado. Ladrones. Un momento: ¿y si un ladrón aprovecha el apagón y la tormenta para entrar en mi casa? Entonces empiezo a pensar en que en Nueva York cada vez que hay un apagón los ladrones aprovechan para saquear tiendas y supermercados y entrar en las casas para llevarse todo lo que puedan.

Estos pensamientos hacen que mi alerta ascienda y no pueda cerrar mis ojos, que están grandes como platos. Cada sonido de trueno hace que me sobresalte. Cada ráfaga fuerte de viento provoca que me incorpore. Me invade poco a poco el miedo y el terror, que acecha sobre mi como una sombra que poco a poco me va oscureciendo hasta el punto de envolverme por completo, como si me abrazara en sus brazos para asumirme en él. En estos momentos me arrepiento de quedarme solo en casa, no estoy acostumbrado a ello. Sería un buen momento para tener una conversación tranquila con alguien.

De pronto mi corazón da un vuelco. He oído como en la calle una chica grita, como si alguien la estuviera matando. Pero de pronto me tranquilizo, no es más que alguien que estará cruzando la calle y grita porque no se querrá mojar. No puedo evitar tener la paranoia de que algo vaya a pasar. De que alguien vaya a entrar a mi casa, me ate o peor aún, me mate para llevarse todo lo que pueda. Puede entrar por la terraza, por la puerta. Podría torturarme si se tratara de un sádico o de violarme si se tratara de un obseso sexual con tendencia a la violación. Cada vez el miedo y la paranoia está más dentro de mí. Estoy al borde del pánico.

Tras conseguir calmarme un poco y pensar que las probabilidades de que alguien asalte mi casa sean muy remotas, decido volver a acostarme en la cama y disipar mis miedos y preocupaciones con un sueño más que necesario para poder estar fresco por la mañana. Pero la tormenta el siglo estaba al otro lado de la ventana. En estos momentos echo de menos poder tener una persiana.

Algo vuelve a encender mis alarmas. He oído un fuerte ruido en la puerta principal, como un golpe. Doy un salto para salir de la cama. No puede ser que me esté pasando esto. Van a entrar a mi casa. De tanta gente en la ciudad me ha tenido que tocar a mi. No puedo dejar que me encuentre, por lo que decido cubrirme con la manta y esconderme en una esquina, detrás del armario. Oigo como al fin consigue entrar el asaltante a casa y de un golpe cierra la puerta. Parece agresivo. Oigo como da pasos imprecisos y lentos en el recibidor. Parece que es un hombre grande porque sus pasos se escuchan bastante.

Siento por sus pasos como va desde el recibidor al pasillo. Está recorriéndolo. Ahora lleva un paso firma y decidido. No parece detenerse en ningún momento, como si se dirigiera hacia mi habitación, como si supiera que yo estoy aquí. Empiezo a temblar como si fuera el vibrador de un móvil. Un tembleque provocado por el pánico. Siento que voy a morir. Ese hombre va a entrar en mi cuarto y va a pegarme un tiro en la cabeza o a clavarme un cuchillo de carnicero. Mi respiración es bastante agitada y mis latidos van a 1000 por minuto seguro. Ya siento el dolor que voy a pasar y dejo soltar un pequeño alarido de temor y dolor al mismo tiempo. Oigo como se detiene ante la puerta de mi cuarto. Va a entrar, me va a matar. Poco a poco gira el pomo para abrir la puerta. Está claro que me va a matar y lo va a hacer porque seguro que le gusta matar, y más si la persona está arrinconada y apresada. Seguro que espera que esté arrinconado y atemorizado. Pues no pienso morir como un cobarde. Si tengo que morir que sea luchando. Veo que cerca de mi está la papelera de metal. De un salto, con un subidón repentino de adrenalina, agarro la papelera y me pongo en pie          delante de la puerta y justo cuando el hombre entra en mi cuarto me desmayo.

Imagen extraída de: fondosterror.com.es

lunes, 13 de junio de 2011

El negocio del siglo

Hoy es el último día de selectividad (PAU) para los valencianos aunque en España aún queden comunidades autónomas por examinarse. Durante estos tres días (5 si contamos el fin de semana) he visto muchas cosas. Gente que va por ir... Los típicos empollones que no tienen vida social... los grupos de amigos que repasan juntos antes de un examen... los nervios pre-examen de gente que dice: "Ais... voy a suspender." También he visto la figura del profesor acompañante, siempre guiando por el buen camino al alumno, aconsejando y sugiriendo... felicitando en los mejores momentos y animando en los malos, en aquellos donde el examen no ha sido lo que uno esperaba. También es una experiencia agradable estar horas previas al examen tomando el sol en el césped, relajándose antes del examen. Sin lugar a dudas, la selectividad es una experiencia mayormente positiva para el desarrollo académico e intelectual de una persona. Pero, ¿es necesaria?

En mi opinión es un hecho simbólico el tener que aprobar la selectividad para entrar en una carrera. Creo que no sirve que digan que hay que evaluar los conocimiento del alumno, siendo que ya han sido evaluados en el Bachillerato aquellos que vengan del Bachillerato, y en el Grado Superior de Formación Profesional aquellos que vengan de ahí. Creo que lo único bueno de la selectividad es la experiencia, porque quien de verdad gana  con esto es la Comunidad autónoma, que puede llegar a ganar 1 millón de euros solo en la C. Valenciana. el negocio del siglo.

¿A qué precio está nuestro futuro? Porque la gente no ha pagado solo por la selectividad, sino también por conseguir el título de Bachillerato. Título que algunos han estado estudiando 2, 3 o hasta 4 años para poder conseguirlo y no te lo dan si no pagas entorno a 20 euros, que parece que no pero en tiempos de crisis una familia de ingresos bajos o nulos no se lo puede permitir. Y ya no hablemos de las matrículas en universidades públicas, que más bien parecen privadas con los precios tan altos que tienen. Menos mal que en la Comunidad Valenciana es donde menos cuesta entrar en la Universidad (entorno a los 1000 euros de media). No quiero pensar cuánto costaría en la universidad pública más cara de España, que más bien vendría mejor irse a la privada porque saldría más barato.

Por lo que a mi respecta, pienso que la selectividad debería ser una opción para aquellos que no hayan querido hacer el Bachillerato o para aquellos que la nota de Bachillerato sea insuficiente y quiera tener una nota nueva y más decente. La selectividad deja de ser una buena experiencia y pasa a ser una pesadilla cuando un alumno de 10 en Bachillerato pasa por la selectividad y puede bajar su nota impidiéndole tener garantías de entrar en una carrera para encontrar su verdadera vocación. Ese es un tema del que hablaré más adelante.

En definitiva, la selectividad es buena experiencia, sí, pero totalmente absurda y sin sentido tanto a nivel económico como a nivel académico. Si un alumno aprobando el Bachillerato o la Formación Profesional no ha demostrado su nivel académico, apaga y vámonos. Es solo un negocio que solo beneficia a la Consellería y a las universidades participantes, donde los alumnos se dejan su dinero en cafeterías y máquinas expendedoras.

Imagen extraída de: comosuperarlaselectividad2011.com