Después de muchas semanas de parón (o mejor dicho meses) he reunido la sabiduría suficiente como para retomar una de mis tantas aficiones que es escribir. Hemos sobrepasado el ecuador del verano y durante tanto tiempo de parón me ha dado para reflexionar sobre la posición de la humanidad sobre la Tierra.
El 22 de diciembre del 2012 se acerca, y con él hay un mínimo temor de la población que crece, gracias a las profecías demasiado exactas de los Mayas. Pero en verdad el temor viene por la famosa película "2012", con el trágico apocalípsis de catástrofes que sufre el mundo. Pero los Mayas no dicen que sea ese el fin del mundo sino que habrá un gran cambio. Ellos creían mucho en los ciclos del Sol. El sistema solar giran en la galaxia como los planetas en el sol, y en el 2012 se cierra el año solar.
Puede que simplemente sea eso, que como acaba el año solar, pues también se acaba el calendario para los Mayas. Pero en mi opinión el verdadero fin del mundo, la verdad, no está ahí fuera. Se dice que puede ser el meteorito Apofis, el planeta X, una erupción solar, que la Tierra se pare... Pero estamos dando demasiada importancia al mundo externo y no nos paramos a mirar lo que pasa en nuestro interior.
Desde hace años el odio y el rencor han ido aumentando su grado hasta llegar a cotas que hace medio siglo no habríamos ni imaginado. El terrorismo y la crisis financiera son solo un puntito. Desde principios de año se ha visto como han ido aumentando las revoluciones del norte de África y han pasado a Europa. En España y Grecia es clarividente lo que quieren expresar los indignados, por culpa del sistema electoral, la crisis económica y varias decisiones de los gobiernos. Pero en Inglaterra ha ido a más y han llegado a haber muertos. Mientras, al otro lado del charco, la primera potencia mundial se hunde en un mar donde no hay ni un solo billete. "¿A dónde habrá ido el dinero?" Eso es lo que se pregunta todo el mundo.
Si nos damos cuenta, nuestra sociedad ha cambiado demasiado en estos años. No existía tanto odio ni violencia y todo se refleja en la tele. Cada vez son más los programas basura (que ya he criticado con anterioridad), las películas sangrientas y sin motivo alguno de cultura...
Estamos en un mundo donde el odio acabará con nosotros, y puede que no sea con bombas ni armas sino con nuestras propias manos y nuestras propias palabras. El mundo no tiene los días contados, pero la humanidad sí.
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