miércoles, 11 de mayo de 2011

Una noche eterna

A continuación procederé a narrar una historia, puede ser verídica o puede ser muy falsa. Me puede haber pasado a mi o a cualquiera de vosotros. En cualquier caso espero que la disfrutéis y la leáis a gusto.

Son las 9 de la noche. Me voy a la cama porque mañana tengo una importante reunión de trabajo donde tal vez confirmen mi ascenso y dar un salto en mi carrera profesional, estoy muy nervioso. He puesto dos alarmas a las 7 por si a caso. Una la he puesto en el despertador digital de mi mesita de noche. La otra la he puesto en mi teléfono móvil que utilizaré como "seguro de vida" en el caso de que el reloj de la mesita de noche me falle.

La noche es tranquila y apacible y se augura que podré dormir en paz y tranquilidad y bien tapado con mi manta y con mi cabeza bien apoyada en mi almohada. Entonces poco a poco noto como me voy durmiendo. Pero de pronto oigo alboroto en mi calle. ¡No puede ser! Me he olvidado de que hoy había partido de Champions League. Me calmo un instante y recuerdo que no sería para tanto puesto que los partidos de fútbol suelen durar 90 minutos. Por lo que espero tumbado en mi cama hasta que pase el jaleo. Tal vez entre tanta vendaval de gritos hacia sus equipos consiga dormirme, pero parece imposible. Se ve que es un partido de máxima importancia.

El partido se acaba, son las 10 y media pero... ¿Qué sucede? ¿Me ha parecido oír prorroga? En efecto, los dos equipos han quedado empatado y me queda media hora más de sufrimiento en la cama. Bueno, tampoco es para tanto, a las 11 y 10 como mucho habrán acabado. Tendré poco menos de 8 horas para dormir.

Acaba la prórroga y no oigo nada. Han ido a los penaltis. Tal es mi desesperación que con rabia doy cabezazos sobre la almohada de rabia y frustración. Lo que en un principio pensaba que sería una noche tranquila y relajada que propiciaría un placido sueño se ha convertido en una noche de éxtasis debido a un acontecimiento deportivo. El equipo local ha ganado en los penaltis y pasa a la final de la competición. La gente grita vítores en pro de su equipo. Me espera una larga noche.

A las 12 parece ser que los gritos han cesado, pero me encuentro demasiado estresado psicológicamente por las 3 horas de gritos como para poder dormirme sin más. Decido encender la radio del móvil para escuchar un programa deportivo de una radio local. Parece interesante. "¡Madre mía, es demasiado interesante! No voy a poder dormir hasta la 1 de la noche cuando acabe."

Es la 1 de la noche y el programa ha acabado, pero yo estoy más despierto que nunca. "Ya verás como mañana no voy a estar al 100% en la reunión importante." Decido ponerme un poco de música de relajación para conseguir el sueño que necesito para dormirme. Me la había recomendado un buen amigo y parecía tener razón. Poco a poco noto como llega el plácido sueño que tanto echaba de menos. Pero de pronto noto un ligero picor en mi brazo. Me rasco pero no parece cesar. "¡Oh no, me ha picado un mosquito!" No me lo podía creer, mi enemigo número uno estaba al acecho. Esos pequeños vampiros alados acechaban mi cama en busca de mi sangre. Decido taparme hasta el cuello con la manta para que no consigan picarme y poder dormir.

Es las 2 y casi estoy dormido. Pero hay algo que no para de perturbar mi sueño y es el zumbido del mosquito "cojonero" que todavía busca más sangre de mi. Ojalá reviente de tanta sangre chupada. Entonces se me ilumina la bombilla de mi cabeza y recuerdo que en el móvil tenía una aplicación que servía para alejar a los mosquitos. La pongo en marcha. Al principio no parece que surta efecto pero en unos 10 minutos veo que se alejan y ya no pasa el zumbido por al lado de mi oreja.

Son las 3 y estoy desvelado. Tengo la música en el móvil junto con la aplicación del mosquito encendida para alejar a ese alado chupasangre. No paro de revolcarme por mi cama. Estoy tumbado boca arriba, pero parece que no estoy cómodo y me tumbo de lado mirando la pared, pero al poco rato me canso y me tumbo boca abajo para luego cambiar a la postura de abrazar la almohada y acabar otra vez tumbado boca arriba. ¡No puede ser!

Me levanto de la cama y decido ir a la cocina a beber un poco de leche caliente. Siempre funciona. Me bebo un poco y la encuentro sosa por lo que decido echarme un poco de colacao. Al beberme el vaso encuentro que tengo una imperiosa necesidad de ir al baño, así que antes de volver a la cama decido pasar por el servicio y desahogarme. De paso aprovecho para lavarme manos y cara.

Vuelvo a la cama, son las 4 de la mañana y todavía no estoy durmiendo. Calculo y veo que tengo como mucho 3 horas para dormir. Mejor eso que nada por lo que me acuesto dispuesto a quedarme dormido enseguida. Pero en vez de eso me encuentro en la situación incómoda. Parezco una croqueta: vuelta y vuelta rebozándome en las sábanas.Así pasan una hora y media hasta que al fin acabo dormido. Curioso lo que puede pasar en hora y media.

Al rato me despierto pero hay algo raro. Hay mucha luz en mi habitación. Los rayos de un potente Sol entran en mi cuarto como si estuvieran obsesionados por despertarme. De momento no estoy preocupado, me deberán quedar un par de minutos antes de que suene el despertador. Me giro para mirar la hora en el reloj de mi mesa e noche y no veo nada. Está como desconectado. Han debido de saltar los plomos pero no pasa nada porque tengo el seguro que es mi móvil pero... ¡Éste también está apagado! Ha debido quedarse sin batería después de varias horas con la aplicación de los mosquitos y la música relajante. Estoy perdido, seguro que llego tarde a la reunión y no me darán el ascenso que tanto quería y necesitaba.

Voy corriendo la cocina para ver la hora real en el reloj. ¡Son las 12 de mediodía! Imposible. Estoy seguro: no sólo no he ganado un ascenso, sino que además estaré despedido por no ir a trabajar.

De pronto oigo de lejos la alarma del móvil. ¡No puede ser, está sin batería! Y de pronto también oigo la del reloj de la mesa de noche. Voy corriendo a mi habitación para apagar las alarmas y saber cómo pueden sonar sin electricidad y por qué tan tarde. Llego a mi cuarto y sigo oyendo de lejos las alarmas. No lo entiendo. No puede ser. A no ser que... ¡Es un sueño! Estoy dormido y es ahora cuando suenan las alarmas.

Al momento abro los ojos, son las 7 y 2 minutos. No he dormido una hora y media sino 10 horas. Todo el calvario vivido no era más que un sueño, pero un sueño muy agotador. Me siento como si no hubiera dormido nada. Pero no hay mal que por bien no venga. Me levanto y me arreglo para ir al trabajo y a la reunión más importante de mi vida. Mientras desayuno decido mirar las noticias como todas las mañanas pero hay algo raro. No hay noticias. Miro el calendario del móvil. Hoy es sábado. La reunión es el jueves.

Tomo resignado el desayuno, me encamino a mi habitación y me dejo caer sobre la cama. Todo es una horrible pesadilla debido a mi estrés por la preocupación que genera la reunión. Me quedo dormido en mi cama, con ropa incluida, y me pongo a dormir. O eso creo, porque me vuelvo a despertar. Entonces lo veo todo claro. No puede ser que tenga ninguna reunión. Lo sé porque no tengo ningún trabajo. ¡Estoy estudiando aún! Todo ha sido un sueño. Un horrible y agotador sueño. Son las 7 de la mañana. Me levanto, me visto y me voy al instituto.

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